Perdón si mi forma de escribir es un desastre o parece desordenada. Esto lo hice solo para desahogarme, sacar lo que llevo dentro y no volverme loco. Gracias por este espacio.
Nací en una familia rota: un padre con problemas de alcohol, una madre autoritaria y un hermano mayor, el favorito de ella, que me hizo daño de pequeño con juegos extraños que incluían besos inapropiados. Mi infancia fue un infierno lleno de humillaciones, golpes y abandono; mi madre miraba para otro lado, y mi padre apenas estaba presente.
Siempre fui un niño bueno, y sigo siéndolo, aunque a veces pienso que no he aprendido a protegerme porque me niego a cambiar, esperando encontrar a alguien que me corresponda de verdad. Mi infancia fue un desastre, salvo por una persona, mi abuela, que fue lo único bueno; el resto, olvidable. Al crecer, las cosas no mejoraron mucho. Me metí en una adicción que duró más de diez años, pero un día logré salir. No sé cómo pasó, pero fue uno de mis mayores logros, aunque dejó secuelas que aún pago, como problemas de salud que me afectan ahora.
A los pocos años, sufrí un accidente grave de moto siendo adolescente. Desde que desperté, no fui el mismo; algo se rompió dentro. Llevo años con jaquecas y dolores constantes que están empezando a pasarme factura.
Todo esto hace que mi vida parezca estar torcida desde el principio, pero nunca he perdido del todo la esperanza. Me niego a creer que solo hay soledad y tristeza. Tras salir de esa etapa oscura, conseguí un trabajo estable y conocí a alguien especial. Durante unos cinco años, todo iba bien, pero de repente quiso irse a estudiar fuera. Hice un plan a tres años para apoyarla desde la distancia porque la quería, aunque sabía que el amor se iría por el desapego, sobre todo de su parte. En dos años, la vi solo una vez en mis vacaciones, y me negué a ver que ya tenía una nueva vida, con alguien más. A veces pienso que todo esto parece una broma cruel.
Poco después de que me dejara por teléfono, conocí a otra persona que creí que sería mi compañera de vida. Estuvimos bien varios años; yo tenía un trabajo fijo, y ella se preparaba para algo grande. Pero un evento global lo cambió todo, y me di cuenta de que vivía en una mentira. Mi ex anterior, al enterarse, explotó de celos, acosándome, llamando a mi familia y haciendo de mi vida un infierno.
Durante la pandemia, estuve un mes en un hospital con un familiar, sin poder salir, pero con el trabajo todo en regla. A la semana de volver, me despidieron sin piedad. Ahí empezó algo que aún me quita el sueño. Mi pareja aprovechó para dejarme y volver con un ex, intentando formar una familia, algo que conmigo nunca quiso. Me dijo que éramos mayores para hijos, que su cuerpo no podía, pero fue su decisión, y como la quise y la respeté, lo acepté.
En un mes, lo perdí todo: mi novia, mi trabajo, mi estabilidad. Ella fue cruel, me llamó vago, dijo que no valía para mantener a nadie, y apuntó directo a mi corazón con palabras que no puedo describir. Eso me hundió en una depresión y un insomnio brutal. Pasé días sin dormir, y por miedo a perder la cabeza, tomé algo para descansar, luchando con todas mis fuerzas.
Entré en una espiral de no hacer nada durante años, hasta que, por casualidad, conocí a alguien más. Fue la peor relación de mi vida, corta pero intensa, llena de vejaciones y maltrato físico y mental. La policía llegó a mi casa porque ella destrozaba todo, y aún quedan marcas.
Aun así, no dejo de buscar a alguien de verdad con quien conectar. No sé si es por mi pasado o porque soy así, pero cuando me enamoro, doy el cien por cien, sin filtros, aunque sé que es un error. La gente parece oler mi confianza y mis ganas de dar oportunidades, y no veo las señales rojas. Tal vez estoy tan acostumbrado a que me traten mal (familia, parejas, amigos) que lo veo normal. Estoy agotado; solo quiero ser feliz, no necesito cosas materiales, solo ver que hay esperanza y gente buena. Sé que algún día lo encontraré, que hay otros como yo que valoran ser buenos y atentos, aunque ahora no tenga mucha energía y me cueste hasta respirar.
Recientemente conocí a otra chica. Me vendió una ilusión, me hizo creer que había algo especial, y yo invertí tiempo, energía y amor. Cuando me tuvo, desapareció; nunca fue sincera. Siempre he sido peculiar con el amor: para mí, cualquier conexión, incluso física, necesita un mínimo de amor. Quizás me arrepienta al morir por no ser más egoísta, pero mi empatía me pierde. Esto me hace replantearme mi forma de ser, cómo veo la vida y lo que quiero. Me molesta ser tan confiado y caer otra vez, sin darme cuenta hasta que estoy solo de nuevo.
Mi madre está muy mal, cada día peor, sin solución, solo queda esperar. Mi padre intenta redimirse, y lo apoyo; lo acepto y perdoné a todos hace mucho para no tener más guerras internas.
Escribir esto tan rápido,habrá alguna falta de ortografía, pero me da igual. El sonido de las teclas me relaja, y expresarme, aunque sea mal, me ayuda. Tengo positividad y esperanza, pero hay días como este en que no las veo. Es fácil caer en el insomnio; no estoy mentalmente estable, y menos sentimentalmente. No es que no quiera, es que no me corresponden. Suena egoísta, pero siempre soñé con alguien con quien ser yo sin filtros y darle lo mejor, que lo quiera.
Hoy estoy harto de llorar y sufrir. En días así, hablo con una IA que me aconseja y me ayuda, y gracias a ella estoy aquí escribiendo. Ahora mismo, estoy en un momento de mierda, sin ganas de nada, sin planes de futuro, esperando que pasen los días. Me cuesta salir a la calle; los espacios públicos (supermercados, bares) me dan pánico. Evito todo contacto humano; he llegado a dar rodeos de calles para no cruzarme con gente, y creo que se me está yendo de las manos.
Fui al psicólogo de la seguridad social, pero no puedo pagar uno privado. Fue una experiencia horrible; me trataron como un número, y las últimas sesiones duraron quince minutos antes de verano, diciéndome que volviera en septiembre para el alta. No me tomé lo que me recetaron, solo algo para dormir cuando llevaba días sin hacerlo por miedo a visiones y desestabilizarme.
No estoy loco, estoy muy cuerdo, o eso quiero creer. Ha sido mala suerte, o eso me digo. Esto es a grandes rasgos; no quiero entrar en el tema de "amigos", no merecen la pena. Creo que me he vuelto egoísta en este proceso, y eso me afecta al socializar. Entre el asco a la gente y esta percepción deformada, no sé si actúo mal o si ya no veo la realidad.
Gracias por este espacio para soltar mi mierda. Hay más cosas en el tintero, pero esto necesitaba salir. Sé que hay vidas peores, y a veces esto puede parecer vanal, pero es mi historia, es real, y vivo con ella. Gracias por escucharme.
Nací en una familia rota: un padre con problemas de alcohol, una madre autoritaria y un hermano mayor, el favorito de ella, que me hizo daño de pequeño con juegos extraños que incluían besos inapropiados. Mi infancia fue un infierno lleno de humillaciones, golpes y abandono; mi madre miraba para otro lado, y mi padre apenas estaba presente.
Siempre fui un niño bueno, y sigo siéndolo, aunque a veces pienso que no he aprendido a protegerme porque me niego a cambiar, esperando encontrar a alguien que me corresponda de verdad. Mi infancia fue un desastre, salvo por una persona, mi abuela, que fue lo único bueno; el resto, olvidable. Al crecer, las cosas no mejoraron mucho. Me metí en una adicción que duró más de diez años, pero un día logré salir. No sé cómo pasó, pero fue uno de mis mayores logros, aunque dejó secuelas que aún pago, como problemas de salud que me afectan ahora.
A los pocos años, sufrí un accidente grave de moto siendo adolescente. Desde que desperté, no fui el mismo; algo se rompió dentro. Llevo años con jaquecas y dolores constantes que están empezando a pasarme factura.
Todo esto hace que mi vida parezca estar torcida desde el principio, pero nunca he perdido del todo la esperanza. Me niego a creer que solo hay soledad y tristeza. Tras salir de esa etapa oscura, conseguí un trabajo estable y conocí a alguien especial. Durante unos cinco años, todo iba bien, pero de repente quiso irse a estudiar fuera. Hice un plan a tres años para apoyarla desde la distancia porque la quería, aunque sabía que el amor se iría por el desapego, sobre todo de su parte. En dos años, la vi solo una vez en mis vacaciones, y me negué a ver que ya tenía una nueva vida, con alguien más. A veces pienso que todo esto parece una broma cruel.
Poco después de que me dejara por teléfono, conocí a otra persona que creí que sería mi compañera de vida. Estuvimos bien varios años; yo tenía un trabajo fijo, y ella se preparaba para algo grande. Pero un evento global lo cambió todo, y me di cuenta de que vivía en una mentira. Mi ex anterior, al enterarse, explotó de celos, acosándome, llamando a mi familia y haciendo de mi vida un infierno.
Durante la pandemia, estuve un mes en un hospital con un familiar, sin poder salir, pero con el trabajo todo en regla. A la semana de volver, me despidieron sin piedad. Ahí empezó algo que aún me quita el sueño. Mi pareja aprovechó para dejarme y volver con un ex, intentando formar una familia, algo que conmigo nunca quiso. Me dijo que éramos mayores para hijos, que su cuerpo no podía, pero fue su decisión, y como la quise y la respeté, lo acepté.
En un mes, lo perdí todo: mi novia, mi trabajo, mi estabilidad. Ella fue cruel, me llamó vago, dijo que no valía para mantener a nadie, y apuntó directo a mi corazón con palabras que no puedo describir. Eso me hundió en una depresión y un insomnio brutal. Pasé días sin dormir, y por miedo a perder la cabeza, tomé algo para descansar, luchando con todas mis fuerzas.
Entré en una espiral de no hacer nada durante años, hasta que, por casualidad, conocí a alguien más. Fue la peor relación de mi vida, corta pero intensa, llena de vejaciones y maltrato físico y mental. La policía llegó a mi casa porque ella destrozaba todo, y aún quedan marcas.
Aun así, no dejo de buscar a alguien de verdad con quien conectar. No sé si es por mi pasado o porque soy así, pero cuando me enamoro, doy el cien por cien, sin filtros, aunque sé que es un error. La gente parece oler mi confianza y mis ganas de dar oportunidades, y no veo las señales rojas. Tal vez estoy tan acostumbrado a que me traten mal (familia, parejas, amigos) que lo veo normal. Estoy agotado; solo quiero ser feliz, no necesito cosas materiales, solo ver que hay esperanza y gente buena. Sé que algún día lo encontraré, que hay otros como yo que valoran ser buenos y atentos, aunque ahora no tenga mucha energía y me cueste hasta respirar.
Recientemente conocí a otra chica. Me vendió una ilusión, me hizo creer que había algo especial, y yo invertí tiempo, energía y amor. Cuando me tuvo, desapareció; nunca fue sincera. Siempre he sido peculiar con el amor: para mí, cualquier conexión, incluso física, necesita un mínimo de amor. Quizás me arrepienta al morir por no ser más egoísta, pero mi empatía me pierde. Esto me hace replantearme mi forma de ser, cómo veo la vida y lo que quiero. Me molesta ser tan confiado y caer otra vez, sin darme cuenta hasta que estoy solo de nuevo.
Mi madre está muy mal, cada día peor, sin solución, solo queda esperar. Mi padre intenta redimirse, y lo apoyo; lo acepto y perdoné a todos hace mucho para no tener más guerras internas.
Escribir esto tan rápido,habrá alguna falta de ortografía, pero me da igual. El sonido de las teclas me relaja, y expresarme, aunque sea mal, me ayuda. Tengo positividad y esperanza, pero hay días como este en que no las veo. Es fácil caer en el insomnio; no estoy mentalmente estable, y menos sentimentalmente. No es que no quiera, es que no me corresponden. Suena egoísta, pero siempre soñé con alguien con quien ser yo sin filtros y darle lo mejor, que lo quiera.
Hoy estoy harto de llorar y sufrir. En días así, hablo con una IA que me aconseja y me ayuda, y gracias a ella estoy aquí escribiendo. Ahora mismo, estoy en un momento de mierda, sin ganas de nada, sin planes de futuro, esperando que pasen los días. Me cuesta salir a la calle; los espacios públicos (supermercados, bares) me dan pánico. Evito todo contacto humano; he llegado a dar rodeos de calles para no cruzarme con gente, y creo que se me está yendo de las manos.
Fui al psicólogo de la seguridad social, pero no puedo pagar uno privado. Fue una experiencia horrible; me trataron como un número, y las últimas sesiones duraron quince minutos antes de verano, diciéndome que volviera en septiembre para el alta. No me tomé lo que me recetaron, solo algo para dormir cuando llevaba días sin hacerlo por miedo a visiones y desestabilizarme.
No estoy loco, estoy muy cuerdo, o eso quiero creer. Ha sido mala suerte, o eso me digo. Esto es a grandes rasgos; no quiero entrar en el tema de "amigos", no merecen la pena. Creo que me he vuelto egoísta en este proceso, y eso me afecta al socializar. Entre el asco a la gente y esta percepción deformada, no sé si actúo mal o si ya no veo la realidad.
Gracias por este espacio para soltar mi mierda. Hay más cosas en el tintero, pero esto necesitaba salir. Sé que hay vidas peores, y a veces esto puede parecer vanal, pero es mi historia, es real, y vivo con ella. Gracias por escucharme.

