Virginia 42
Usuario veterano
Antes de postear en este foro, siempre me planteo si lo que voy a decir va a servir para que alguien se sienta mejor, o por el contrario podría hacer que alguien se sintiera herido. Pido perdón de corazón por las veces en las que me he equivocado y algo mío ha podido resultar hiriente, si esto ha pasado alguna vez. Yo sé bien que cuando uno está con el sufrimiento a flor de piel hay muchas cosas que a uno no le gustan leer u oír. Lo sé porque a mí me ha pasado. Pero al mismo tiempo, por otro lado, me encuentro algunas veces en una especie de obligación moral de plasmar lo que a mí me ha ayudado… y lo que a mí me ha ayudado más, es precisamente lo que yo, en su momento, no quería ver, escuchar, leer.
Me estoy dando cuenta de algo que me preocupa. Y es: el abordaje de este trastorno que detecto algunas veces. Es cierto que el trastorno, como circunstancia que interrumpe la vida de uno por un periodo largo de tiempo, puede suponer que uno se sienta “enfermo”. Pero hay una diferencia muy grande entre “enfermedad” y “trastorno”, puesto que, de no haberla, no existiría la denominación “trastorno”.
Entiendo el alivio que puede causar poner nombre a lo que te está pasando. Pero, realmente, que te digan “TLP” significa ponerle nombre a lo que te está atormentando? No. La verdad es que no.
El sufrimiento que uno atraviesa tiene raíces, causas y nombres. El sufrimiento que al final se ha exteriorizado en un conjunto de conductas y síntomas, no tiene el nombre “TLP”. Tiene causas en el proceso de pensamiento que hemos tenido, en cómo hemos aprendido a “defendernos” de monstruos reales o imaginarios, en el escopetazo que motiva las reacciones que no elegimos y sentimos que nos controlan. La sensación de ausencia de control paralelamente con interpretar que necesitamos tener el control; el dolor interno insoportable que se traslada al “vacío”, precisamente porque no se puede soportar… es cierto que son formas de sufrir comunes bajo las siglas “TLP”, pero no, no nos ocurre esto “porque tenemos TLP”, nos ocurre por cómo hemos vivido los dolores que hemos atravesado, por lo que hemos aprendido, por cómo vemos el mundo a través de las heridas que hemos tenido. Esto es muy importante no perderlo de vista, porque la causa de cómo yo me puedo sentir está en mis heridas particulares, que es lo que yo trato en terapia, NO está en unas siglas.
Cuando uno va a urgencias, a uno le explican la enfermedad que le han detectado que tiene. “Ah, doctor. Entonces, la glucosa no puede entrar a mis células porque tengo resistencia a la insulina (o porque no tengo insulina), ¿cierto?” “Cierto. Usted tiene una enfermedad que se llama diabetes, que consiste precisamente en lo que acaba de decir”. “Entonces, ¿por la diabetes es que tengo hambre y como constantemente?” “Sí, exacto, es por la diabetes. La diabetes es la causa de que usted haga esto. Porque usted no asimila la glucosa, y el cuerpo le sigue pidiendo glucosa en consecuencia”. “Ah, comprendo. Y, oiga, ¿por eso es que yo tengo el síntoma de tener mucha sed, y beber y beber agua todo el tiempo?” “Sí, igual que lo de comer, que se llama polifagia. Usted bebe porque la glucosa se queda en su sangre y su cuerpo hace esfuerzos por diluirla”. “Ah, entonces, todo esto que me pasa, todos estos síntomas, se deben a la diabetes”. “Eso es. La diabetes es la causa de que usted se encuentre así y haga esto. Y ahora, con la medicación que le vamos a poner, ya no va a tener estos síntomas ni este malestar. Porque le vamos a dar la insulina que necesita (o los antidiabéticos orales, o lo que sea), que es como una llave que abrirá sus células para que la glucosa pueda entrar en ellas”. “Oh! Gracias! Ahora lo comprendo todo!”
Esto es lo que sería la explicación de un proceso de enfermedad con síntomas asociados.
Cuando a uno le diagnostican un trastorno, la explicación se vuelve mucho más complicada y difusa, y, a veces, incluso está ausente. Por eso es que hay desinformación y desorientación al respecto. Porque, con un trastorno (con un desorden que interrumpe la vida) esto no funciona para nada de la misma manera. Veamos el ejemplo paralelo con lo anterior:
“Ah, doctor. Entonces tengo explosiones de ira fuera de control, y llanto recurrente, y sensación de vacío que me devora, porque tengo algo llamado “TLP” en mi cabeza, ¿cierto?”. No, esto no es cierto. Esto no es como “algunas personas tienen diabetes y otras no”; “algunas personas tienen algo en su cabeza llamado TLP que les hace sufrir y otras no”.
Esto es muy importante no perderlo de vista. ¿Por qué? Porque, si hablamos de enfermedad, la enfermedad es la diana del tratamiento, porque la enfermedad es la causa de mi situación si la padezco. La finalidad de un antibiótico es curar una infección. La finalidad de la insulina es neutralizar el efecto de la diabetes.
En el caso de un trastorno, la diana no es el trastorno, es todo lo que he percibido (o no he percibido!) que me ha herido en mi vida. Por tanto, la diana en el tratamiento es la raíz del sufrimiento, mío, particular; eso es lo que necesito tratar si quiero vivir como necesito vivir. Porque “TLP” no es la causa de mi situación, sino el nombre que recibe el cúmulo de consecuencias que yo estoy experimentando en el momento presente en que me diagnostican.
“Y entonces, doctor, ¿yo voy a ser diabético para el resto de mi vida?” “Sí, va a ser diabético siempre. Porque su cuerpo no es capaz de producir insulina, y, por eso, usted de ahora en adelante va a tener que administrarse la insulina que le hace falta para que su sistema orgánico pueda funcionar”. En el caso de un trastorno, ¿estás viéndote a ti mismo como que vas a “ser un trastornado” siempre? ¿Crees que de hecho eso es así, que será así para ti porque no hay otra alternativa? Fijate lo importante que es esto. Si es importante que las afecciones tengan nombre y lo que estás sufriendo se llame “trastorno” o “desorden”, es por esto. Si te alivia el diagnóstico de un trastorno, que sea por esto.
“Y entonces, doctor, yo soy raro como humano por tener diabetes?” “Bueno, a ver, yo no diría raro, pero sí que no está usted en el espectro mayoritario de la población, estadísticamente hablando (porque estadísticamente, la mayoría de la población no tiene una deficiencia o resistencia a la insulina, digamos)”. ¿Te sientes tú raro por estar sufriendo un trastorno, viendo el desorden circunstancial desde la óptica de la enfermedad? ¿Raro, especial, minoritario como humano…? ¿Has considerado lo importante que es esto, la óptica desde la cual estás observando lo que te pasa, el estar asociándolo a un proceso de enfermedad por pensar que es lo mismo?
¿Cuántas vidas conoces que estén perfectamente ordenadas? El sufrimiento mental y emocional, por desgracia, es mayoritario como factor estadístico en la población, al menos en el mundo occidental, aunque no llegue a exteriorizarse en síntomas o no tenga las “consecuencias” que para ti está teniendo en este momento de tu vida.
“Doc, gracias por explicármelo todo. ¿Hay algo que yo pueda hacer desde mi pensamiento, desde mi responsabilidad, para no ser diabético?” “No. Usted, desde su responsabilidad, puede modificar su dieta y sus hábitos de ejercicio para no tener problemas. Pero, AUNQUE USTED MODIFIQUE SU DIETA (y ni que decir tiene su pensamiento), aunque usted cultive su responsabilidad en su propio auto-cuidado, USTED NO VA A DEJAR DE SER DIABÉTICO NUNCA”. De cara a lo que es padecer un trastorno y no una enfermedad, ¿te estás viendo a ti mismo como a este señor de la diabetes? ¿Crees que siempre vas a sufrir, que lo que tienes es una enfermedad que te va a acompañar siempre, y que tú no puedes hacer nada con ello? Olvida eso, no es cierto. Olvídalo, de verdad. Una persona puede ser como sea, puede seguir sintiendo intensamente Y NO SUFRIR POR ELLO más de lo estrictamente necesario. Aquí tienes a una, a la cual creo que en intensidad pocos la “ganan” (udfjgdkfjg).
Para mí, este “detalle” que intento marcar supone una diferencia abismal en cómo yo me puedo encontrar si estoy en efecto sufriendo un trastorno en mi resonancia/per-sonalidad. Porque quizá, es mucho más efectivo para mí trabajar en mi historia, en mi situación, durante una terapia, que informarme sobre el trastorno.
Si yo tengo una enfermedad, informarme sobre la enfermedad es lo que me va a ayudar. Sin embargo, si yo sufro un trastorno en una determinada etapa de mi vida, INFORMARME SOBRE MÍ y trabajar en mí es lo que realmente me va a ayudar. Por eso lo que funciona es que yo busque ayuda y pueda hacer terapia CONMIGO, apoyándome en un profesional. En el fondo, creo que la mayoría sabemos esto… pero no es fácil enfrentarse al espejo ni al dolor propio, bien lo sé.
Está claro que se ha investigado y se ha explorado el trastorno, y puedes encontrar textos muy buenos (dentro ya de la subjetividad de opiniones, claro), abordando factores comunes desde la consecuencia en la situación que uno tiene. Sí, eso es válido o podría serlo: si tienes esta y esta y esta consecuencia, lo más probable es que en tu vida hayas sufrido esto, esto y aquello, y hayas entendido esta cosa o esta otra, y hayas desarrollado este mecanismo que para ti es dañino o este otro. Lo más probable es que en tu infancia hayas experimentado A o B o C o Z. Sí, seguro que podrías identificarte con lo que leas, pero esa información, aunque pueda ser consistente (y sin desmerecer a los muchos especialistas que habrá sobre pacientes con TLP), NO HABLA DE TI, y quizás, por cierta que sea, no va a alcanzar a áreas de ti mismo que tú solo conoces, y solo va a pasar por encima lo que podría ser un trauma genérico, una herida común sin sus pormenores, fuera de tu contexto particular y vital que es lo que te a ti te ha llevado a estar donde estás ahora.
Del trastorno en sí, me puedo informar. Claro. Pero eso, no necesariamente va a ayudar a que yo me entienda mejor… porque el diagnóstico del trastorno enmudece más allá de los síntomas: sólo describe síntomas de sufrimiento, lo cual es somero si la raíz profunda del sufrimiento está en cómo yo he aprendido a entender la vida y por qué. Lo que me va a ayudar a mí a amarme, a comprenderme, a entenderme mejor y a relacionarme con otros, es mirarme a mí sin juicios, trabajar en mí. Me va a ayudar buscar dentro lo que está dentro, no buscar fuera lo que está dentro. Esto es importante, porque proyectarte a ti mismo en un trastorno (orientarte y definirte en un trastorno) puede hacerte perder sagrado tiempo de estar en paz. Y tu tiempo cuenta, y tienes derecho a tener paz y a estar bien.
En resumidas cuentas, si yo quiero estar bien, yo lo primero que necesito entender es que lo que me está trastornando la vida no es “el TLP”, como lo haría la diabetes, la infección o cualquier otra enfermedad. Lo que me está trastornando la vida es lo que me ha dolido y no he podido/sabido/querido resolver, es el sufrimiento que yo tengo y ni siquiera sé explicar (pero tiene razones aunque parezca irracional), cuyas raíces necesito explorar para iluminarlas y neutralizar en lo posible su efecto. Los síntomas del sufrimiento son sólo las consecuencias superficiales, son sólo la punta de mi iceberg.
Me estoy dando cuenta de algo que me preocupa. Y es: el abordaje de este trastorno que detecto algunas veces. Es cierto que el trastorno, como circunstancia que interrumpe la vida de uno por un periodo largo de tiempo, puede suponer que uno se sienta “enfermo”. Pero hay una diferencia muy grande entre “enfermedad” y “trastorno”, puesto que, de no haberla, no existiría la denominación “trastorno”.
Entiendo el alivio que puede causar poner nombre a lo que te está pasando. Pero, realmente, que te digan “TLP” significa ponerle nombre a lo que te está atormentando? No. La verdad es que no.
El sufrimiento que uno atraviesa tiene raíces, causas y nombres. El sufrimiento que al final se ha exteriorizado en un conjunto de conductas y síntomas, no tiene el nombre “TLP”. Tiene causas en el proceso de pensamiento que hemos tenido, en cómo hemos aprendido a “defendernos” de monstruos reales o imaginarios, en el escopetazo que motiva las reacciones que no elegimos y sentimos que nos controlan. La sensación de ausencia de control paralelamente con interpretar que necesitamos tener el control; el dolor interno insoportable que se traslada al “vacío”, precisamente porque no se puede soportar… es cierto que son formas de sufrir comunes bajo las siglas “TLP”, pero no, no nos ocurre esto “porque tenemos TLP”, nos ocurre por cómo hemos vivido los dolores que hemos atravesado, por lo que hemos aprendido, por cómo vemos el mundo a través de las heridas que hemos tenido. Esto es muy importante no perderlo de vista, porque la causa de cómo yo me puedo sentir está en mis heridas particulares, que es lo que yo trato en terapia, NO está en unas siglas.
Cuando uno va a urgencias, a uno le explican la enfermedad que le han detectado que tiene. “Ah, doctor. Entonces, la glucosa no puede entrar a mis células porque tengo resistencia a la insulina (o porque no tengo insulina), ¿cierto?” “Cierto. Usted tiene una enfermedad que se llama diabetes, que consiste precisamente en lo que acaba de decir”. “Entonces, ¿por la diabetes es que tengo hambre y como constantemente?” “Sí, exacto, es por la diabetes. La diabetes es la causa de que usted haga esto. Porque usted no asimila la glucosa, y el cuerpo le sigue pidiendo glucosa en consecuencia”. “Ah, comprendo. Y, oiga, ¿por eso es que yo tengo el síntoma de tener mucha sed, y beber y beber agua todo el tiempo?” “Sí, igual que lo de comer, que se llama polifagia. Usted bebe porque la glucosa se queda en su sangre y su cuerpo hace esfuerzos por diluirla”. “Ah, entonces, todo esto que me pasa, todos estos síntomas, se deben a la diabetes”. “Eso es. La diabetes es la causa de que usted se encuentre así y haga esto. Y ahora, con la medicación que le vamos a poner, ya no va a tener estos síntomas ni este malestar. Porque le vamos a dar la insulina que necesita (o los antidiabéticos orales, o lo que sea), que es como una llave que abrirá sus células para que la glucosa pueda entrar en ellas”. “Oh! Gracias! Ahora lo comprendo todo!”
Esto es lo que sería la explicación de un proceso de enfermedad con síntomas asociados.
Cuando a uno le diagnostican un trastorno, la explicación se vuelve mucho más complicada y difusa, y, a veces, incluso está ausente. Por eso es que hay desinformación y desorientación al respecto. Porque, con un trastorno (con un desorden que interrumpe la vida) esto no funciona para nada de la misma manera. Veamos el ejemplo paralelo con lo anterior:
“Ah, doctor. Entonces tengo explosiones de ira fuera de control, y llanto recurrente, y sensación de vacío que me devora, porque tengo algo llamado “TLP” en mi cabeza, ¿cierto?”. No, esto no es cierto. Esto no es como “algunas personas tienen diabetes y otras no”; “algunas personas tienen algo en su cabeza llamado TLP que les hace sufrir y otras no”.
Esto es muy importante no perderlo de vista. ¿Por qué? Porque, si hablamos de enfermedad, la enfermedad es la diana del tratamiento, porque la enfermedad es la causa de mi situación si la padezco. La finalidad de un antibiótico es curar una infección. La finalidad de la insulina es neutralizar el efecto de la diabetes.
En el caso de un trastorno, la diana no es el trastorno, es todo lo que he percibido (o no he percibido!) que me ha herido en mi vida. Por tanto, la diana en el tratamiento es la raíz del sufrimiento, mío, particular; eso es lo que necesito tratar si quiero vivir como necesito vivir. Porque “TLP” no es la causa de mi situación, sino el nombre que recibe el cúmulo de consecuencias que yo estoy experimentando en el momento presente en que me diagnostican.
“Y entonces, doctor, ¿yo voy a ser diabético para el resto de mi vida?” “Sí, va a ser diabético siempre. Porque su cuerpo no es capaz de producir insulina, y, por eso, usted de ahora en adelante va a tener que administrarse la insulina que le hace falta para que su sistema orgánico pueda funcionar”. En el caso de un trastorno, ¿estás viéndote a ti mismo como que vas a “ser un trastornado” siempre? ¿Crees que de hecho eso es así, que será así para ti porque no hay otra alternativa? Fijate lo importante que es esto. Si es importante que las afecciones tengan nombre y lo que estás sufriendo se llame “trastorno” o “desorden”, es por esto. Si te alivia el diagnóstico de un trastorno, que sea por esto.
“Y entonces, doctor, yo soy raro como humano por tener diabetes?” “Bueno, a ver, yo no diría raro, pero sí que no está usted en el espectro mayoritario de la población, estadísticamente hablando (porque estadísticamente, la mayoría de la población no tiene una deficiencia o resistencia a la insulina, digamos)”. ¿Te sientes tú raro por estar sufriendo un trastorno, viendo el desorden circunstancial desde la óptica de la enfermedad? ¿Raro, especial, minoritario como humano…? ¿Has considerado lo importante que es esto, la óptica desde la cual estás observando lo que te pasa, el estar asociándolo a un proceso de enfermedad por pensar que es lo mismo?
¿Cuántas vidas conoces que estén perfectamente ordenadas? El sufrimiento mental y emocional, por desgracia, es mayoritario como factor estadístico en la población, al menos en el mundo occidental, aunque no llegue a exteriorizarse en síntomas o no tenga las “consecuencias” que para ti está teniendo en este momento de tu vida.
“Doc, gracias por explicármelo todo. ¿Hay algo que yo pueda hacer desde mi pensamiento, desde mi responsabilidad, para no ser diabético?” “No. Usted, desde su responsabilidad, puede modificar su dieta y sus hábitos de ejercicio para no tener problemas. Pero, AUNQUE USTED MODIFIQUE SU DIETA (y ni que decir tiene su pensamiento), aunque usted cultive su responsabilidad en su propio auto-cuidado, USTED NO VA A DEJAR DE SER DIABÉTICO NUNCA”. De cara a lo que es padecer un trastorno y no una enfermedad, ¿te estás viendo a ti mismo como a este señor de la diabetes? ¿Crees que siempre vas a sufrir, que lo que tienes es una enfermedad que te va a acompañar siempre, y que tú no puedes hacer nada con ello? Olvida eso, no es cierto. Olvídalo, de verdad. Una persona puede ser como sea, puede seguir sintiendo intensamente Y NO SUFRIR POR ELLO más de lo estrictamente necesario. Aquí tienes a una, a la cual creo que en intensidad pocos la “ganan” (udfjgdkfjg).
Para mí, este “detalle” que intento marcar supone una diferencia abismal en cómo yo me puedo encontrar si estoy en efecto sufriendo un trastorno en mi resonancia/per-sonalidad. Porque quizá, es mucho más efectivo para mí trabajar en mi historia, en mi situación, durante una terapia, que informarme sobre el trastorno.
Si yo tengo una enfermedad, informarme sobre la enfermedad es lo que me va a ayudar. Sin embargo, si yo sufro un trastorno en una determinada etapa de mi vida, INFORMARME SOBRE MÍ y trabajar en mí es lo que realmente me va a ayudar. Por eso lo que funciona es que yo busque ayuda y pueda hacer terapia CONMIGO, apoyándome en un profesional. En el fondo, creo que la mayoría sabemos esto… pero no es fácil enfrentarse al espejo ni al dolor propio, bien lo sé.
Está claro que se ha investigado y se ha explorado el trastorno, y puedes encontrar textos muy buenos (dentro ya de la subjetividad de opiniones, claro), abordando factores comunes desde la consecuencia en la situación que uno tiene. Sí, eso es válido o podría serlo: si tienes esta y esta y esta consecuencia, lo más probable es que en tu vida hayas sufrido esto, esto y aquello, y hayas entendido esta cosa o esta otra, y hayas desarrollado este mecanismo que para ti es dañino o este otro. Lo más probable es que en tu infancia hayas experimentado A o B o C o Z. Sí, seguro que podrías identificarte con lo que leas, pero esa información, aunque pueda ser consistente (y sin desmerecer a los muchos especialistas que habrá sobre pacientes con TLP), NO HABLA DE TI, y quizás, por cierta que sea, no va a alcanzar a áreas de ti mismo que tú solo conoces, y solo va a pasar por encima lo que podría ser un trauma genérico, una herida común sin sus pormenores, fuera de tu contexto particular y vital que es lo que te a ti te ha llevado a estar donde estás ahora.
Del trastorno en sí, me puedo informar. Claro. Pero eso, no necesariamente va a ayudar a que yo me entienda mejor… porque el diagnóstico del trastorno enmudece más allá de los síntomas: sólo describe síntomas de sufrimiento, lo cual es somero si la raíz profunda del sufrimiento está en cómo yo he aprendido a entender la vida y por qué. Lo que me va a ayudar a mí a amarme, a comprenderme, a entenderme mejor y a relacionarme con otros, es mirarme a mí sin juicios, trabajar en mí. Me va a ayudar buscar dentro lo que está dentro, no buscar fuera lo que está dentro. Esto es importante, porque proyectarte a ti mismo en un trastorno (orientarte y definirte en un trastorno) puede hacerte perder sagrado tiempo de estar en paz. Y tu tiempo cuenta, y tienes derecho a tener paz y a estar bien.
En resumidas cuentas, si yo quiero estar bien, yo lo primero que necesito entender es que lo que me está trastornando la vida no es “el TLP”, como lo haría la diabetes, la infección o cualquier otra enfermedad. Lo que me está trastornando la vida es lo que me ha dolido y no he podido/sabido/querido resolver, es el sufrimiento que yo tengo y ni siquiera sé explicar (pero tiene razones aunque parezca irracional), cuyas raíces necesito explorar para iluminarlas y neutralizar en lo posible su efecto. Los síntomas del sufrimiento son sólo las consecuencias superficiales, son sólo la punta de mi iceberg.
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