Yo, con mi TLP y todo, tuve una relación que duró 10 años con una chica TLP. Claro, que la cosa fue progresiva, desde ir quedando para tomar café hasta enamorarnos tomó más de 4 años. Al principio de vivir juntos, conscientes como éramos de nuestra situación, ella me dijo: "Pollito, nunca te voy a hacer daño ni te voy a mentir", a lo que yo respondí con el propósito recíproco.
Recuerdo aquella relación como mi gran éxito. Sí, por supuesto, sufrimos crisis cada uno de los dos, pero nunca nos permitimos a nosotros mismos acusar al otro de nada, ni juzgarlo, ni tan solo ser mal educados. Cuando uno de los dos gritaba, era contra el trastorno, la suerte o la vida, en ninguna ocasión nos alzamos la voz entre nosotros. Yo la observaba cuando llegaba a casa, con disimulo, porque me llenaba de gozo constatar que se apresuraba para acudir a acurrucarse conmigo. Cuando yo salía, por bien que me lo estuviera pasando (estaba con el grado de informática), siempre tenía unas efervescentes ganas de volver a estar pegado a ella.
Durante los 10 años que vivimos juntos nunca nos dijimos "te quiero" ni "te amo" ni nada por el estilo. Pero cada día, tanto ella como yo nos dedicábamos gestos que inequívocamente lo demostraban. Os doy mi palabra de que prefiero los actos que las palabras y de ellos nos nutríamos generosamente.
Cuando se cansó de mí (cabe decir que si no te gusta interpretar música, la literatura o la filosofía soy un tipo soberanamente aburrido), no sé, debí intuir algo porque le pregunté: ¿quieres dejar la relación? Y ella me dijo que sí. Yo insistí: ¿seguro? Y ella lo confirmó. Como estábamos en su casa, me dio un mes para irme. Fuimos separando las cosas que habían sido nuestras con toda cordialidad y me fui. Le pedí que no me contactara, que necesitaba tiempo para superar todo el asunto.
Dos años después la llamé y emprendimos una bonita amistad. Una noche que andábamos intoxicados de varias substancias, le dirigí mi primer reproche: "mientras estuvimos juntos, nunca me dijiste que me amabas". Era trivial, su respuesta iba a ser: "tú tampoco". Pues no, vi deslizarse una lágrima por su mejilla y no contestó. A partir de ese día, cada vez que nos vemos, nos decimos "te quiero". Curiosamente, sin haber nunca más atravesado la línea de la amistad.
Dirigir los gritos a la persona amada, no se lo digáis a nadie, es un secreto: es un error. Pero es un error que sólo se comete si no se tiene claro qué es lo que más te importa en la vida. Pensar: "yo tengo TLP, no soy responsable" es una falacia. Por mucho TLP que tengas, si me cortas sangro, si me matas muero, si me maltratas, sufro. Y el amor no duele, os lo puedo jurar.