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Todo depende de la pausa

  • Autor Catalina
  • Fecha de inicio
Existe una diferencia muy grande entre el saber teórico y el saber incorporado. Es decir, para que un individuo se transforme en médico, debe demostrar en diferentes exámenes su conocimiento del cuerpo humano en cuanto a salud, enfermedades, diagnósticos, tratamientos, prevenciones y demás aspectos. Antes de recibir su título acude al internado, en el cual rota por diversas áreas de un hospital para conocer desde adentro el funcionamiento del mismo. Allí, además de observar, participa activamente efectuando guardias, supervisado por médicos calificados que evalúan su desempeño. Finalmente, cuando obtiene su título, le corresponde hacer la residencia en la especialidad que eligió y es remunerado por su trabajo.



Por arjus



Algo similar ocurre con nuestro aprendizaje de nuevos hábitos. No basta el conocimiento teórico para convertirnos en nuevos individuos, sino que debemos ponerlo en práctica para internalizarlo y discernir qué parte de toda la información que recibimos es la que tiene que ver con nuestra personalidad y lo que cada uno debe mejorar. El desconocimiento de estos pasos naturales del ser humano es lo que muchas veces impide que cambiemos. "Esto ya lo escuché / ya lo sé / siempre escucho lo mismo", etc. El saber no se activa sino cuando lo llevamos a la práctica.

Uno de esos saberes que en general obviamos es la importancia de hacer una pausa, ese pequeño hábito que puede cambiar nuestras vidas de manera radical. ¿A qué nos referimos con hacer una pausa?

Podemos aprender muchos conceptos cuando definimos su opuesto. Actuar sin pausa es comportarnos sin pensar, sin darnos cuenta. Es el comportamiento mecánico. Tenemos la necesidad de comer basura y lo hacemos. Queremos revisar nuestro e-mail en lugar de escribir un capítulo de nuestro libro y abrimos la bandeja de entrada. Tenemos ganas de fumar, de beber, de consumir drogas, de mordernos las uñas, de jugar un juego de Facebook para posponer cosas, para saltear un entrenamiento. Tenemos impulsos de criticar, de actuar con celos o ira, de insultar... y actuamos de acuerdo a esas ganas.

¿Y si en vez de eso aprendemos a hacer una pausa cuando recibimos un impulso? ¿Y si nos detenemos, contemplamos ese impulso, prestamos mucha atención a lo que sentimos dentro de nuestros cuerpos, sin actuar?

El impulso tiene límites. Se disipa con el tiempo. Por supuesto que aquí puede surgir el pensamiento de: "si me callo, si no reacciono cuando alguien me hace algo que no me gusta, voy a demostrar debilidad y no quiero". Esto requiere que nos respondamos una sencilla pregunta: ¿no es acaso más fuerte quien aprende a controlar sus instintos? No estamos hablando aquí de ser pasivos, de "ofrecer la otra mejilla". Nada de eso. Estamos hablando de hacer una pausa y pensar maneras de generar una respuesta activa, inteligente, medida, sin necesidad de perjudicar nuestro organismo por la ira ni hacer sentir mal a los demás por lo que creemos fue una ofensa hacia nosotros. El asunto de la ira es uno de las tantas ramificaciones que tiene actuar sin hacer antes una pausa.

El punto aquí es que podemos hacer pausas, que somos capaces de hacer elecciones conscientes que pueden ser más saludables para nosotros y nos ayudan a ser más felices. Porque cuando hacemos pausas, creamos espacio. Espacio para respirar, pensar, ser sin actuar aún. La pausa es la respuesta a muchos de nuestros problemas. Tan pequeña cosa y sin embargo con tanto poder.

No vamos a lograr la pausa de un día para otro. Los internados y las residencias duran mucho tiempo y cada paso, cada prueba y error nos enseñan.

Para desarrollar la pausa, observá tu próximo impulso. ¿Es una urgencia comprobar ya mismo algo online? ¿O comer algo que sabés que no es saludable? Prestá atención a la urgencia, aprendé todo lo que puedas al respecto. Si actuás después de la pausa, está bien, no te sientas culpable. Lo que necesitamos en esta instancia es notar la urgencia y hacer una pausa.

Hacé lo mismo para el siguiente impulso y el siguiente. Vas a lograr desarrollar la pausa con práctica. Y tenés un montón de oportunidades para practicar cada día. Los impulsos no van a desaparecer, porque son naturales en todo ser humano, pero sí vas a poder desarrollar la capacidad de hacer una pausa. Esto va a incrementar tu calidad de vida en muchas áreas, como la salud, el trabajo, las relaciones e incluso tus hobbies.

Cuando un futbolista corre a toda velocidad por algún lugar de la cancha y es perseguido por uno o más rivales, hasta los jugadores más rápidos saben que uno de los recursos más eficaces para detener esa persecución no es correr más rápido que los demás, sino saber cuándo hacer una pausa y dejar que los demás, por inercia, sigan corriendo. Así tambien ocurre con los impulsos. Ellos actúan por naturaleza; no tienen un cerebro propio. Como un rival que corre hacia quien tiene la pelota sin una estrategia más que alcanzarlo.

En cambio, quien maneja la pelota es quien tiene una jugada en mente, una idea para lograr su propósito. En él está la capacidad de hacer una pausa y dejar que los obstáculos pasen de largo.
 
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