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Salud mental y universidad

  • Autor Zaira
  • Fecha de inicio
El tratamiento de las personas con enfermedad mental en las universidades públicas necesita mejorar, y mucho.

Salud mental y universidad:

15/07/2013

Blanca Abella


Existe un porcentaje bajo, casi ínfimo, de universitarios con enfermedad mental. Los problemas académicos empiezan en los años escolares y continúan por la falta de coordinación entre facultades y centros formativos de secundaria. El estrés académico se acentúa para las personas con enfermedad mental, que cuentan con apoyos poco eficaces o inexistentes, de ahí que sea necesario un programa de atención a la salud mental en las universidades que cuente con la participación de los propios usuarios.

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“En las últimas décadas se ha avanzado mucho, tanto en la garantía de derechos, promoción de igualdad de oportunidades y calidad de vida de las personas con discapacidad como en el desarrollo de planes de igualdad y acceso a las universidades, que incluyen una atención específica para las personas con discapacidad”.
Así lo explica Elisa Sala coautora del estudio “Mejora del tratamiento de las personas con enfermedad mental en las universidades públicas”. Sin embargo, también aclara un dato importante: “A pesar de todos estos avances, la atención a las personas con enfermedad mental en la universidad sigue siendo una asignatura pendiente. A diferencia de lo que pasa con otro tipo de discapacidades, la discapacidad derivada de una enfermedad Mental no tiene el mismo grado de aceptación social, teniendo como efecto que muchas veces oculta su existencia ante los miembros de la comunidad universitaria, llegando al extremo de no acudir a la Oficina de Atención a la Discapacidad o incluso no indicarla en la matrícula, prescindiendo, consecuentemente de servicios, becas, prestaciones y/o exención de matrícula de los que se podrían beneficiar”.
Y esta es básicamente la razón del estudio editado por el Real Patronato sobre Discapacidad y dirigido por Juan González-Badía, que afirma: “queda mucho por hacer y es necesario asentar las bases para desarrollar un modelo de atención que dé cobertura a las necesidades del colectivo”.

Situación actual

En primer lugar, los responsables del estudio tuvieron en cuenta las cifras actuales en torno a la enfermedad mental, que aumentan cada año: “Este es un fenómeno que se repite en diferentes contextos territoriales (Europa, España…) y no podemos obviar que a estas personas, es necesario sumar aquellas que, a pesar de tener un problema de salud mental, se encuentran sin diagnosticar”. Y por ello consideran “que la promoción de la salud mental de la población, la prevención de la enfermedad mental y la erradicación del estigma asociado a las personas con enfermedad mental es una prioridad política y de acción en estos momentos”. A todo ello hay que sumar el alto grado de estigma relacionado con la enfermedad mental, los numerosos prejuicios que existen todavía en la actualidad.

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Según otras cifras que manejan los autores del estudio tan solo el 3,64% de los hombres con enfermedad mental y el 3,08 de las mujeres con esta discapacidad tienen estudios universitarios. Y una de las razones manejadas por todos los expertos en el tema es sencillamente “el acceso de las personas con enfermedad mental a la universidad no está garantizado”, como afirma José Luis Méndez Flores, técnico de Información y Formación de FEAFES (Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental), que añade: “la amplia gama de necesidades de las personas con enfermedad mental que se ha detectado choca frontalmente con el esquema de funcionamiento de las universidades que es de atención generalizada, con escasa vocación por individualizar el trato al alumnado”.
Y de manera más esquemática, Elisa Sala expone los condicionantes que dificultan, limitan o influyen en la vida académica de las personas con enfermedad mental según el estudio: “la propia patología y sintomatología de la enfermedad mental y los efectos secundarios de la medicación, la falta de apoyos y servicios adaptados a las necesidades de la población con enfermedad mental en las universidades, la falta de apoyos, servicios y recursos adecuados y orientados a la formación en etapas educativas anteriores al ingreso en la universidad, el estigma existente en la sociedad en general y el ‘autoestigma’ de la propia población con enfermedad mental”.
Según José Luis Méndez Flores, “el estudio concluye que las personas con enfermedad mental se sienten poco motivados y capacitados para acceder a la Universidad. A más de la mitad de los estudiantes les producen miedo los exámenes y consideran que el hecho de tener una enfermedad mental les va a perjudicar en el desarrollo de sus estudios. Este porcentaje mayoritario, a buen seguro se reduciría con los apoyos adecuados y el conocimiento de los mismos por parte de los potenciales universitarios con un trastorno mental”.

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Primeras medidas necesarias

El estudio ha constatado la desvinculación que existe entre los sistemas de formación superior y los destinados a formar en edades más tempranas, lo que provoca una repercusión directa y negativa en el ciclo formativo de las personas con enfermedad mental. Por lo tanto, los autores del estudio consideran necesario “establecer sistemas de coordinación entre los diferentes sistemas formativos para garantizar la continuidad de los servicios de apoyo”. Algo que han constatado también en FEAFES: “la necesidad de coordinación entre las facultades y los centros formativos de secundaria, previos a la etapa universitaria ayudaría a ofrecer apoyos desde el mismo acceso a los nuevos universitarios con problemas de salud mental”.
Y como punto de partida para la puesta en marcha de soluciones, también en FEAFES tienen una opinión clara: “Dada la diversidad de necesidades que pueden presentar las personas con enfermedad mental, se hace imprescindible desarrollar un programa de atención que debe girar en torno a la Oficina de Atención al estudiante con Discapacidad, y que ponga su atención en la propia persona con enfermedad mental, potenciando sus aportaciones y estableciendo espacios dónde tome sus propias decisiones sobre qué camino seguir”, afirma José Luis Méndez Flores. Y recalca la importancia que el propio estudio otorga a las personas con enfermedad mental como partícipes de estas soluciones: “el punto más reseñable del estudio es el que propone crear mecanismos que faciliten a las personas con enfermedad mental la posibilidad de tomar sus propias decisiones a la hora de establecer los apoyos que les hacen falta. Se trataría así de promover su empoderamiento, creando espacios en los que puedan demandar de primera mano cuáles son sus necesidades y como se podrían abordar”.

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Los expertos y autores del estudio confirman la importancia de una atención individualizada: “dentro del colectivo de personas con enfermedad mental existe una gran diversidad de situaciones. Esto es, las personas con enfermedad mental presentan necesidades muy diversas y variables en función de las características personales, biológicas, psicológicas y sociales de cada individuo y aquellas del entorno en el que desarrolla su experiencia. Por lo tanto, cualquier programa y red de recursos deberá garantizar en todo momento la individualización de los casos, las necesidades concretas y especiales de cada persona y el acompañamiento ajustado a las necesidades de cada individuo”.
Y consideran necesaria también la participación activa de las propias personas con enfermedad mental en todos los procesos, así como la elaboración de programas de atención en salud mental desde una doble perspectiva: la preventiva y la de acción directa.
Un programa de atención a la salud mental en las universidades debe incluir, al menos, según Juan González-Badía y Elisa Sala, los siguientes recursos y medidas: “Recursos terapéuticos y de atención psicológica, recursos de atención e información, adaptaciones curriculares, acompañamiento académico a través de tutorías, protocolos de atención para situaciones de emergencia, programas de acompañamiento, concienciación y formación del profesorado, concienciación general a la comunidad universitaria.

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Presiones académicas y ajustes razonables

Como parte fundamental de este estudio surge la idea de que las presiones académicas generan los principales miedos y dificultades de las personas con enfermedad mental y, en el contexto universitario actual, el estrés generado por las presiones académicas y/o la frustración pueden ser contraproducentes para una persona con enfermedad mental.
Y como punto de estrés máximo se señala a los exámenes, tal y como explica desde FEAFES José Luis Méndez Flores: "los exámenes son una de las principales fuentes de estrés para la persona con enfermedad mental y este es un aspecto que se debe tener en cuenta en los programas de atención dentro de las posibles adaptaciones curriculares. Cada alumno o alumna requerirá una solución diferente, para ello es preciso analizar e individualizar cada uno de los casos, pero algunas soluciones generales podrían ser fragmentar las evaluaciones, realizar los exámenes en ambientes que reduzcan los efectos negativos, tales como estrés o ansiedad, así como ofrecer la posibilidad de sustituir los exámenes por trabajos, en aquellos casos en los que sea posible”.
Algunas de las propuestas del estudio son similares, si bien los autores inciden en un detalle importante: “La implementación de este tipo de adaptaciones, siempre bajo la aplicación del principio de ajuste razonable, en aras de la normalización e igualdad de oportunidades del colectivo, no supone una complejidad excesiva, no obstante, es de destacar que su implementación depende del profesorado y de la comunidad universitaria y, por este motivo, es tan necesaria su concienciación, preparación y formación”.


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En definitiva, el estudio que ha dirigido Juan González-Badía “es un completo análisis de una realidad insuficientemente visibilizada”, como afirma en su prólogo Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad.
Es un punto de partida sobre el que trabajar, tal y como muestran desde FEAFES: "el estudio nos ayudará en un futuro a diseñar nuevas y más eficaces vías de intervención en el ámbito universitario. También esperamos que la utilidad de este estudio no se limite únicamente al diseño de estas nuevas acciones por parte de FEAFES, sino que pueda servir de orientación y apoyo a otros profesionales y de guía a las propias personas con trastorno mental en su acceso a la universidad".
Mientras, los autores del estudio entienden que se han establecido ya las bases para el desarrollo de un programa de atención y se ha aportado luz sobre un ámbito que no se había abordado antes, y afirman: “Nuestro papel es seguir trabajando para el desarrollo de propuestas que nos lleven a la aplicación del programa y a su perfeccionamiento. Pensamos que sería interesante que se pusiese en práctica a través de un proyecto piloto en varias Universidades, con el fin de ver la aplicación real del programa y protocolo que establecemos en el estudio, corregir posibles errores y a raíz de ello, intentar que se pusiese en marcha en todas las universidades del país”.
 

Anabmr

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Según la etapa
Este es un tema muy importante, al menos en mi caso. Los planes de estudios universitarios tan concretos me agobian mucho, sobre todo en cuanto tengo alguna crisis. Es difícil seguir el camino de forma convencional. Debería haber alternativas en las universidades en casos como estos. Seguimos luchando, pero a veces hay mucha incomprensión alrededor.
 

Yaiza417

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Este tema me toca enteramente de lleno. El TLP ha disminuido considerablemente mi rendimiento escolar, sobre todo en este último año en que he tenido un empeoramiento tan llamativo. Los profesores, lejos de ayudarme en muchas situaciones límites de estrés, me creaban aún más ansiedad. Es cierto que te puedes encontrar con algunos profesores involucrados con sus alumnos; por ejemplo, en mi caso, tuve una recaída muy fuerte en abril por la que estuve una semana ingresada, no pudiendo asistir a los exámenes. Los correspondientes profesores, sabiendo solamente que había estado ingresada por un problema de ansiedad, me ayudaron, mostrándose además muy comprensivos. Sin embargo fueron otros dos profesores los que me llevaron al hospital en diciembre debido a la poca comprensión recibida, que rozó hasta el rechazo. Entiendo que ya bastante tienen como para saber cómo tratar con un alumno de X enfermedad, pero nosotros sí que somos los jodidos, que aun viviendo en un pozo de mierda, sacamos fuerza para poder alcanzar nuestros sueños... Nos lo tememos que currar igual que los demás, pero que entiendan que nuestra capacidad de esfuerzo es notablemente menor (ya que de por sí vivimos continuamente al límite), y que las exigencias generales se hacen un mundo para nosotros.
 
A

Adela

Interesantísimo el tema y muy adecuada la información, tengo que leerlo
más despacio para recapacitar y ahora tengo prisa.

Gracias por ponerlo Zaira, un saludo.
 

Silver

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ca-boom
Este tema me toca enteramente de lleno. El TLP ha disminuido considerablemente mi rendimiento escolar, sobre todo en este último año en que he tenido un empeoramiento tan llamativo. Los profesores, lejos de ayudarme en muchas situaciones límites de estrés, me creaban aún más ansiedad. Es cierto que te puedes encontrar con algunos profesores involucrados con sus alumnos; por ejemplo, en mi caso, tuve una recaída muy fuerte en abril por la que estuve una semana ingresada, no pudiendo asistir a los exámenes. Los correspondientes profesores, sabiendo solamente que había estado ingresada por un problema de ansiedad, me ayudaron, mostrándose además muy comprensivos. Sin embargo fueron otros dos profesores los que me llevaron al hospital en diciembre debido a la poca comprensión recibida, que rozó hasta el rechazo. Entiendo que ya bastante tienen como para saber cómo tratar con un alumno de X enfermedad, pero nosotros sí que somos los jodidos, que aun viviendo en un pozo de mierda, sacamos fuerza para poder alcanzar nuestros sueños... Nos lo tememos que currar igual que los demás, pero que entiendan que nuestra capacidad de esfuerzo es notablemente menor (ya que de por sí vivimos continuamente al límite), y que las exigencias generales se hacen un mundo para nosotros.

Totalmente de acuerdo. Yo dejé mi carrera en segundo , ahora estaba haciendo un ciclo superior y me pasó este curso lo mismo, tengo que recuperar dos en septiembre por una recaída, me vi con mil asignaturas y haciendo de todo, los profesores y compañeros me veían con una ansiedad tremenda y comportándome extraño y lo único que obtuve más que ayuda de ningún tipo fue enemistades con compañeros (según ellos era una exageración y tenía que estar a la altura de los demás, aún intentando explicar que tenía un problema parecía que se trataba de una excusa o una justificación para la falta de esfuerzo o similar) e intransigencia con un par de profesores, lo que me llevó de una época de estrés muy grande que creo que podría haber sobrellevado aunque tuviera mis dificultades a directamente tirar la toalla con dos asignaturas. Además este tipo de fracasos son un poco para mí una losa tremenda, hace que la toma de contacto con otros estudios sea más duro.
 

Abisai

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Es un tema bastante interesante. Yo acabo de concluir mi bachillerato y ya tenia lugar en la universidad pero el pensar en la presión y las crisis que hacen que uno en cierta forma se atrase y los profesores te presionan. Es muy complicado que nos entiendan.

No he metido mis papeles por que siento pánico solo de pensar en no lograrlo. Efectivamente hace falta mucho apoyo de parte de las instituciones académicas. Por lo menos aquí en México.
 

Lore

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Depende.
Yo por el contrario tuve buen rendimiento en el secundario. En la universidad, las crisis fueron muchas, y por más que mis esfuersos fueron constantes no pasaba de las notas medias, mientras que mis compañeros sacaban notas mejores a las mias con menos esfuersos. Cada nueva entrega amenazaba con abandonar los estudios, cosa que se daba cada semestre, dejé 8 años la carrera y retomé hasta concluirla, fueron en total 17 años con los 8 intermedios que dejé, cambios de universidad, crisis, peleas en mi familia, idas y vueltas, pero la terminé. Estoy orgullosa de haberlo hecho, fue un logro muy grande para mi, me recibí grande, pero la terminé.
 

KahloF

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Para mí ha sido bastante complicado, sobre todo la Universidad, en donde he tenido más crisis. Ojalá existiera mayor apoyo.
 

Marmolgas

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El tema me parece súper interesante! Yo tengo la suerte de estar estudiando la segunda carrera, y en esta carrera, Enfermería, a algunos profesores les he tenido que decir que tenía TLP por problemas de miedo a la hora de presentarme a los exámenes y han sido muy comprensivos ofreciéndome toda la ayuda que necesitase pero es verdad que no en todas las carreras y no todos los profesores son iguales, porque el estigma que existe es muy grande.
 

Cris Blu

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Interesantísimo y necesario de hablar!!

Yo en la escuela la tuve muy fácil, terminé con los primeros lugares de la clase casi siempre, pero en la universidad lo pasé pésimo.
Dejé mi primera carrera a los 2 años, el estrés y el hecho de que no me gustara la escuela lo hizo todo más difícil. Los profesores nunca entendieron nada, (estudiaba Diseño gráfico y de por sí los profes de esas carreras son exigentes, al grado de ser poco humanos e imposibles), pasé un año en terapia y estudié otra cosa, pedagogía en Lenguaje.

Cada evaluación la pasaba mal, la ansiedad me jugó malas pasadas en muchas presentaciones orales, me quedaba en blanco, quería salir corriendo, un par de veces mis compañeros se rieron y me costaba hacer trabajos en grupo.

Solo una profesora me entendió y apoyó, pero era una asignatura más. En mi tesis no tuve el mismo apoyo por parte de mi profesora guía, y pese a que le conté que una semana no pude presentar un avance porque estuve internada, no le importó, me mal evaluó y ni siquiera me preguntó por mi salud. Me titulé un mes después de intentar suicidarme y aún me cuesta asimilarlo.

Creo que algunos profesores lo harán por desconocimiento... por ignorancia... pero muchos otros lo hacen porque creen que uno miente, o porque sencillamente no les importa. La falta de humanidad en muchos docentes de universidades me sorprende, más porque yo ahora también soy docente y no podría comportarme así...

Veo que el problema se extiende, acá en Chile de a poco se ha inculcado el tema de salud mental en las escuelas, pero para la universidad falta muuuuuucho por hacer.
 

Yaiza417

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El problema es que en la universidad hay un mayor elitismo, y parece que muchos se lo toman como una especie de Juegos del hambre, y que sobreviva el más fuerte. Me da pena y a la vez me siento totalmente identificada con todas vuestras historias. Por desgracia, no nos queda otra... @Cris_Blu, tu historia me ha estremecido mucho, pero em alegra saber que sacaste el coraje para terminar la carrera. Bravo por ti!
 

Cris Blu

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Congelada
Muchas gracias, @Yaiza417 . Y sí, no nos queda otra... de a poco se ha ido instaurando el tema en algunos lugares, pero en la mayoría no, así que nos toca luchar contra todo junto... es difícil y se ve imposible, pero se puede.
 

Luisete

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muy bajo
me ha gustado muchísimo leer el artículo; estoy totalmente de acuerdo desde la primera letra al último punto. Para mí, el paso por la universidad fué nefasto; empecé la carrera de matemáticas en la universidad autónoma de madrid, entre 2º y 3º me pasé a informática, la pontificia de salamanca, que abrieron una facultad en madrid. Allí me largué en 3º, por una asignatura que llegué a 6ª convocatoria, pero ya estaba harto de todo...no me encontraba bién y no quise contar nada a mis padres porque pensé que les iba a sonar a jilipolleces, porque yo sufría por cosas de lo más extraño, pero por no hablar, un día, lógicamente, estalló todo y empecé a ir a un psicólogo, pero no fué hasta años después, en una consulta de la seg. social, una psiquiatra me dijo que tenía t.l.p.; no me asustó, porque pensé que tampoco pasaba nada, pero no tomarlo a bromas.

Personalmente, la universidad española me parece una porquería, de hecho no existe ninguna entre el ranking de las mejores del mundo, pero independientemente de esto, creo que en el acto de enseñar, desde el parbulario hasta la universidad, debería existir una relación algo más estrecha entre profesor y alumno...no en plan colegas, sino como una especie de "contrato", yo aprendo y tu me enseñas, pero de buen rollo por ambas partes. A mí esas chulerías de soltar el temario como si fuera un loro, si te enteras "me la sopla", te pongo un examen para que aprueben cuatro y me jacto de ser buen profesor porque cateo como un loco....no.
Falta cariño, amor por una profesión tan importante que es lo único que nos salva de guerras y barbaries, y en mi caso personal, sentí cómo la educación que fuí recibiendo desde enano hasta la "uni", se iba degradando.

En mi opinión, a la universidad española le falta un cambio de 180º, y a la eduación en general. A pesar de mi desacuerdo con el sistema (no sólo el universitario), creo que existen muy buenos profesionales, yo también he tenido "profes" kojonudos, y con ellos siempre saqué muy buenas notas (que curioso, eh?)....recuerdo el que nos daba cálculo numérico en 2º...estaba "jamao", venía con su vespilla, aparecía en clase sonriendo, y cada vez que teníamos clase, uno de nosotros contaba un chiste o una gracia antes de empezar...nos decía que su asignatura estaba chupada (y era muy dura)...; le recuerdo con cariño, aparte que me pusiera un "sobre"....no se, he sido un poco "bandarrillas", como cualquier chaval, pero (casi)siempre he mantenido una actitud de respeto hacia mis docentes, y ese mismo respeto, en contadas ocasiones lo sentí de esos cerdos...recuerdo de enano, yo soy zurdo, y en primero de la antigua e.g.b., a la tipa que me daba clase se le metió en los ovarios que debía usar la derecha...pues la hija de satanás me levantaba de la silla de las orejas, desgarrándomelas en más de una...o el que tuve al año siguiente...tenía una regla de madera, muy guapa, y nos soltaba cada lexe que daba gusto...yo creo que le molaba el sado o algo de eso...

Mientras leía el artículo me venían a la memoria multitud de recuerdos vividos en la "uni"...las juergas también, claro, pero si aquella época la tuviera que sopesar, se inclinaría mucho la balanza en favor de lo negativo...que le voy a hacer. Y desde luego, se que mi experiencia fué personal, y que a otra mucha gente seguro que se lo ha pasado de p. madre, y me alegro por ellos, porque para mí es una de las etapas más chulas de una persona...

Saludos a todos
 

Seventh

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Yo estoy empezando mi tercer curso en la UNED (Universidad a distancia) y la verdad la opción de no tener que ir a clase todos los días, el ritmo pausado que puedes imprimirle y la compatibilidad con otras ocupaciones es lo que me ha salvado. Siempre he sido muy autónomo (me saqué el bachillerato y el teórico del coche a distancia estudiando por mi cuenta) y lo veo bastante bien.
En el apartado "tiene usted alguna discapacidad" de la matrícula ni siquiera pude poner TLP porque a efectos prácticos eso no sirve absolutamente de nada. Eso sí, yo que tartamudeo bastante en situaciones de estrés he encontrado comprensión por parte de una profesora que me hizo un examen oral de Pronunciación Inglesa.
Lamento que haya gente aquí con malas experiencias. Supongo que al no ir a clase y hacerlo todo por mi cuenta me exime de tales horrores. El instituto fue duro, y no me gustaría repetir la experiencia.
 

Ave Fénix

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desesperanzada
Mi experiencia en el instituto y universidad fue bastante negativa.
Es cierto que en el colegio con respecto a las notas nunca tuve problemas (estoy considerada TLP de altas cacidades), era una alumna de sobresaliente, pero con un comportamiento extraño. Antes de establecerme en un centro de forma definitiva, pasé por tres o cuatro colegios diferentes, si de por sí es complicado ese tipo de cambios en un niño, imaginaos siendo diferente. Por aquella época (primer año de educación infantil), tras las pruebas pertinentes me etiquetaron como niña de altas capacidades, al principio la cosa no fue mal gracias a la maestra que me daba clase, era una gran profesional. La verdad es que pese a mi comportamiento, pues era una niña muy complicada, nunca se dio por vencida y tuvo mucha paciencia, pero en ese cole solo estuve un año. En general lo que fue educación infantil (párvulos cuando yo estudiaba)no estuvo mal. En EGB la cosa cambió,mi capacidad y mi inestabilidad emocional no me ayudaron a integrarme. Mi comportamiento era complicado, lo se, pero si me hubieran tratado de otra forma se que hubiera sido mucho más fácil el trato conmigo, era fácil de llevar si me daban cariño y tenían paciencia conmigo.
Los primeros cursos fueron un infierno, como en mi expediente ponía que era una niña de altas capacidades me hicieron infinidad de test y pruebas, esto unido a mis buenas notas me convirtió en un bicho raro, no solo entre los niños sino también con el maestro. Cuando llegué a sexto la cosa cambió para mejor, tuve una excelente profesora. Durante los tres cursos siguientes fueron mejores, esta profesora me ayudó mucho, pero terminé el colegio y pase al instituto, mis tres años de tregua habían pasado.
En el instituto tuve buenos y malos profesores, los malos pesaron mucho y me hicieron la vida imposible, de hecho recuerdo esa época como una de las más horribles de mi vida. Con 14 años sufrí anorexia y una de mis primeras grandes crisis, fueron años duros, tuve muy poco apoyo en mi centro escolar, además había cambiado de ciudad y no conocía a nadie.
Conseguí superar 1º y 2º de BUP con buenas notas, pero cada vez estaba más hundida y afectada (anímicamente y físicamente), comencé a consumir sustancias tóxicas, dejé de dormir o dormía poco. Me encerré en mí misma y en mis libros, leía a todas horas, intentaba soñar despierta, me evadía cortándome...
Con 16 años, tras dos años de tratamiento con una psicóloga excepcional y un psiquiatra horrible, ingresé por primera vez en una USM, la verdad es que ahí conocí a quien es hoy en día mis psiquiatra, se lo debo todo, es el mejor. Ese año fue horrible, nunca había suspendido nada, llevaba toda mi vida luchando por una media "10" quería ser médico, pero me ingresaron en la tercera evaluación, no pude presentarme a los exámenes. Los profesores que me apoyaban consideraban que se me debía de dar la oportunidad de examinarme, que aunque me presentara en suficiencia debían de ponerme la nota del examen, no suficiente, pero los que no me querían allí porque me consideraban un problema decidieron suspenderme, eso me hundió más repetí 3º de BUP dos veces, no por suspender los exámenes,sino porque era incapaz de reaccionar ante ellos y ponerme a escribir, soliocité que se me hicieran orales, pero se negaron. Una profesora le aconsejó a mi padre que me sacara de ese centro, que allí nunca aprobaría.
Pero decidí continuar en ese centro, me parecía injusto el trato que me daban, pero consideraba que si me iba ganarían ellos.
Hundida como estaba, entrando y saliendo del hospital, el tercer año que me matriculé en 3ºBUP no asistí a clase, no me presenté a ningún examen durante el curso, de hecho me fui 6 meses a Granada, a descansar y desconectar. Una semana antes de sufuciencia regresé a casa y decidí presentarme a los exámenes, aprobé todos con muy buenas notas, pero no respetaron mis notas, saqué todo suficientes.
Con todo, mis altibajos emocionales, el TCA, los problemas en el instituto y demás continué estudiando. Aprobé COU y selectividad, pero no entré en medicina.
Si hubiera tenido apoyo, si los centros educativos estubieran preparados y los alumnos con trastornos de la personalidad y otras enfermedades mentales recibieran un trato individualizado, esto no pasaría, no me hubiera pasado y hubiera estudiado medicina.
Hoy soy licenciada en filología hispánica y doble graduada en Educación Infantil y Primaria, he luchado mucho para conseguir mis titulaciones,me han costado sufrimiento y lágrimas. De hecho, los dos primeros cursos del Grado de Educación Infantil lo hice mientras estaba ingresada en una clínica especializada en TLP y TCA, me encontraba sufriendo una crisis TLP muy aguda, pero luché por mis estudios, en esta universidad encontré todo el apoyo del mundo, hablé con la coordinadora del grado, le conté mi situación y me ayudaron en todo lo que pudieron. Al estar ingresada no podía asistir a todas las clases, tenía el acceso a Internet y uso de PC limitado, por lo que no podía cumplir con las fechas de entrega de los trabajos, así que me dieron todas las facilidades del mundo para poder presentar los trabajos, no asistir a clase y demás.
Yo conseguí terminar mis estudios universitarios, no estudié lo que quería en un principio, pero se que dedicandome a la educación puedo ayudar a niños como yo.
 

AngelHachi

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Guau @Ave Fénix, a pesar de no estudiar tu primera opción es de reconocer tu gran trabajo que has hecho hasta ahora. En verdad motivas mucho con tu trabajo.
 

Luisete

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igual que Angel (aprovecho para saludarte, amigo!), pienso que te lo has "currao" y debes estar orgullosa...lo que más me ha gustado es el final...sabes, no se por qué, pero el destino, a la vez que extraño, nos lleva por caminos sinuosos que ignorábamos, pero al final, con mucho esfuerzo, has conseguido encontrar algo que creo parece llenarte; como dices, te da la oportunidad de echar un cable a críos con mayores dificultades, y seguro que lo haces con todo tu cariño porque sabes de que va la "vaina". Ves, por triquiñuelas del azar, estás ejerciendo una profesión que pienso te motiva; quizá, vete a saber, es lo que estaba "escrito en los astros" para tí, a pesar de todo el dolor que has pasado...probablemente lo hayas pensado.

Mientras te leía, un poquillo me reflejaba en tí; yo, al contrario, no tenía muy claro lo que quería estudiar en la "uni"...quizá alguna ingeniería relacionada con la electrónica o informática; el caso es que en 3º del antiguo B.U.P., me dió un zapatazo de los buenos...de la noche a la mañana, caí en una depresión fuertísima, iba casi arrastrándome de casa al instituto, me encerraba y más que recuerdos concretos, sí recuerdo la intensidad del dolor. El C.O.U. lo repetí en otro centro, pero mi amargura no paraba de crecer; la selectividad la pasé como si me hubieran enviado al frente ruso en el '42...horrible, fueron dos días de exámenes soportando una tensión bestial. Al final caí en la carrera de matemáticas, que bueno, tampoco me desagradó, pero no me gustó ni el ambiente ni los profesores, y eso que a pesar de estar "amargao", era un poco extravagante y excéntrico; me gustaba ir dando la nota con mi moto...por aquella época estaba muy muy "enganchao" a las "kabras", era lo único que me daba libertad.
No acabé ni matemáticas ni la siguiente a la que me fuí (informática), pero os juro, y para mí fué algo sorprendente, que ahora me importa una mierda, con perdón, incluso me alegro, porque allí no aprendí nada, sólo ví un trozo feo de mundo real, como dice Yaiza, una especie de "juegos del hambre"...una depredación.

Me duele recordar que para mí fuesen años perdidos, me sentía como un barco desarbolado en mitad de una galerna, me emborrachaba todos los fines de semana, los "kanutos", la coca...escapatorias que no llevan a ningún sitio, desde luego; gracias a dios no me enganché a nada de eso salvo a los kanutos, que bueno, alguna vez me acompañan en las tristes y solitarias noches de este lugar.

Desde aquí ánimo a Ave Fénix (y a todos, por supuesto), aunque el que escribe esté mas perdío que marco buscando a su vieja...

Un saludo a todos
 

Ave Fénix

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Pues la verdad es que sí me gusta mi profesión, me encanta enseñar y tener la oportunidad de ayudar a niños para que su paso por la escuela no sea un infierno. Además considero básica la educación para ayudar en el tratamiento de las enfermedades mentales, más aún cuando se trata de trastornos de la personalidad. Pues si desde pequeños y desde el colegio se les ayuda a asimilar el problema será más sencillo para ellos normalizarlo.
Gracias a todos por vuestras palabras.
Un saludo.
 

OceanSoul

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Hola a tod@s.

Me siento bastante identificado con la historia que comentas de tu adolescencia, @Ave Fénix. Resumiendo, no recibí todo el apoyo necesario en el instituto, y tuve que hacer grandes esfuerzos para sacarme los cursos, a pesar de que algunos profesores sí que hicieron lo que estaba en sus manos para intentar facilitarme las cosas. Actualmente estoy estudiando una ingeniería, y es mucho más duro, por la inflexibilidad de las fechas de los exámenes, y porque no te conoce ningún profesor prácticamente. Por suerte, la posibilidad de asistir a clase cuando quiera (o cuando pueda, más bien), me da cierto margen para gestionar los días más duros, pero igualmente no deja de ser un reto complicadísimo. Espero poder acabar la carrera con cierta normalidad. Es una pena que el tema de los trastornos mentales no esté más normalizado, porque hay gente con mucho potencial que naturalmente acaba agotándose del sobreesfuerzo que conlleva intentar adaptar su problema a estos esquemas impuestos tan rígidos. Y por cierto, me parece increíble la tarea que haces con los niños, @Ave Fénix; creo que es imprescindible detectar estos problemas en edades tempranas y poder empezar a tratarlos desde el principio.

¡Saludos a tod@s!
 
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