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La aceptación

  • Autor Zaira
  • Fecha de inicio
La aceptación


Publicado porCREO: Grupo de Psicólogos






La aceptación es una actitud tan importante que algunas personas la llaman “La primera ley de crecimiento personal”.
Aceptar consiste simplemente en ver algo tal como es y decir “ASI ES”.
Aceptar no es aprobar, consentir, permitir, autorizar, sancionar, estar de acuerdo, condescender, respaldar, mantener, autentificar, reconfirmar, estimular, fomentar, promocionar, apoyar y... ni siquiera gustarnos lo que es.
Aceptar es decir “Es lo que es y lo que es, es lo que es”. Grandes filósofos desde Gentrude Stein (Una rosa es una rosa) hasta Popeye (Soy lo que soy) han entendido qué es la aceptación.
Hasta que no aceptemos verdaderamente todo, no podemos ver con claridad. Siempre estaremos buscando entre los filtros de los “debes”, “no debes”, “deberías”, “tienes que” y los prejuicios.
Cuando la realidad se nos enfrenta con nuestra noción de lo que debería ser una realidad, siempre gana la realidad. (Deja caer algo creyendo que la gravedad no debería hacerlo caer. Caerá de todos modos). No nos gusta (es decir, nos cuesta aceptarlo) y, o bien, luchamos con la realidad y nos disgustamos o la esquivamos y procuramos no ser concientes de ella. Si ves que estás disgustado o alterado o alternativamente una cosa u otra por algo, podés preguntarte: “¿Qué es lo que no estoy aceptando de esto?” .
La aceptación no es un estado de pasividad o inacción. No estamos diciendo que no se puede cambiar el mundo, enderezar entuertos o sustituir el mal por el bien. La aceptación es, de hecho, el primer paso para tener éxito en la acción.
Si no aceptas plenamente una situación tal como es en realidad, te costará cambiarla. Además, si no aceptas totalmente la situación nunca sabrás si esa situación debería cambiarse.
Cuando se acepta, uno puede relajarse, dejarse ir, ser más paciente y básicamente, no pelearse. Este es el punto efectivo para enfrentar o para escapar.
Quedarse y esforzarse (incluso pasándola bien) por lo menos aumenta la sensación de dominio. Escapar (disgustados y/o con miedos) no es la manera más satisfactoria de vivir. Sin embargo es el resultado inevitable de la no aceptación.
Trata de pensar en alguna situación que no te satisfaga, no tiene que ser un problema grande de nuestra vida, sino algo sencillo que te inquiete. Acepta lo que implique esa situación. Deja que sea tal y como es. Porque al fin y al cabo es así ¿no?, si la aceptas te sentirás mejor.
Después de aceptar tanto la situación como todo lo referente a ella, seguramente seguirá sin gustarte pero ya podrás dejar de odiarla o de temerla. En el peor de los casos la odiarás o le temerás algo menos.
Ese es el verdadero valor de la aceptación, una sensación muy buena sobre la vida y sobre uno mismo.
Aceptar las cosas que piensas que deberías haber hecho pero que no hiciste y todas las cosas que hiciste pero que piensas que no deberías haber hecho. Las hiciste (o dejaste de hacerlas). Esa es la realidad. Eso es lo que ocurrió. No hay que cambiar el pasado. Podés luchar con el pasado, fingir que no ocurrió, o podés aceptarlo. Nosotros sugerimos esto último. Una vida de culpabilidades, temor o inconciencia en el mejor de los casos, no es muy divertida.
Sería bueno aceptar que habrá en nuestras vidas futuras transgresiones contra lo que “deberíamos” hacer, contra lo que “tenemos” que hacer en el mundo. Seguro que vas a transgredir. Sin embrago, aceptamos el hecho de que los seres humanos hacemos estas cosas y si todavía no has aceptado tu condición de “humano” –con toda la magnificencia y locura que eso implica- éste podría ser un buen momento para empezar.
Si nuestra actitud es de no aceptación es difícil aprender. Un puño apretado no puede recibir un regalo, una psique apretada –totalmente ansiosa en contra de la realidad- tampoco puede recibir fácilmente una lección.
Relájate, acepta lo que ya ha pasado, tanto si lo hiciste vos o no. Después intenta aprender la lección. Tal vez no disfrutes de todo lo que ocurre en la vida pero podés disfrutar del hecho de que ocurra lo que ocurra, “tengo una lección que aprender de esto”.


Extraído de Revista SOPHIA Nº 170
 
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