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El sentido común, el menos común de los sentidos

  • Autor Zaira
  • Fecha de inicio
Probablemente, hayas oído hablar de frases célebres como: “más vale permanecer callado y parecer ignorante, que abrir la boca y confirmarlo” o que “antes de hablar, asegúrate que lo vas a decir es más importante que el silencio”.

Algo tienen de verdad estas frases. Estamos acostumbrados a soltar lo primero o lo segundo que se nos viene a la cabeza, sin reflexionar debidamente acerca de los ‘peros’ y los ‘pros’. Nos falla la escucha activa hacia los demás, nos centramos en nuestro mensaje y queremos establecer cátedra con nuestras palabras.


Nuestro pensamiento trabaja con la información que tiene almacenada de ocasiones anteriores y se cree autosuficiente para acometer la generación de razonamientos consistentes ante situaciones que no ha vivido anteriormente. Puede que sí o puede que no. Una forma de aprendizaje (es indiscutible), es el ensayo – error, pero es costosa y dolorosa por los sinsabores que genera hasta que alcanzamos la certeza suficiente para actuar en cada situación.


El equipo, el grupo de personas es la suma de muchas individualidades que aportan conocimientos, experiencias variadas y actitudes diferentes ante cada situación, e inclusive, modos diferentes de ver las cosas. Todos debemos estar abiertos a la escucha activa, para poder compartir y recoger de los demás, conocimientos y puntos de vista que nos permitan mejorar la elaboración del pensamiento que nos va a permitir expresar nuestra opinión.


La clave de todo se encuentra en el sentido común. No es que sea un sentido del organismo como el de la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto. Pero en cierto modo sí es similar a lo que popularmente se denomina el “sexto sentido”.


El entrenamiento del uso de este “sentido” (seguiremos empleando esta denominación para no entrar en terminología más confusa), permite agudizar y desarrollar un potencial elevado de su empleo en todos los órdenes de la vida. Inicialmente debemos cultivarlo, trabajar constantemente en refrenar nuestros ímpetus. A base de repetir este proceso, podemos reeducar a nuestro cerebro para enseñarle a respetar unas sencillas reglas que son la clave de que pueda desarrollar de modo innato una respuesta controlada y equilibrada de “sentido común”.


Reglas para el desarrollo de un acertado sentido común:

- No todo lo que funcionó anteriormente volverá a funcionar de nuevo.


- La realidad es cambiante y la respuesta que hay que aplicar debe actualizarse.


- La escucha activa es una potente herramienta de aprendizaje y enriquecimiento personal y de los demás.

- La precipitación es la peor consejera, las decisiones no deben tomarse en caliente, es mejor reposarlas, seguramente, tras un período de maduración la respuesta será diferente o tendrá matices más enriquecedores.


- Todas las situaciones tienen múltiples factores que debemos conocer antes de lanzarnos a opinar, ya que podemos “acertar en un aspecto” y errar en tres.




Qué NO es el sentido común: la aplicación sistemática de respuestas o comportamientos ante situaciones idénticas o similares.


Esto lo puede hacer un ordenador y aporta un valor añadido importante cuando es repetitivo en series largas, lo mismo que en un humano. Sin embargo, lo que no puede hacer el ordenador, es realizar análisis de situaciones no programadas ni vividas anteriormente, ponderar la importancia de los factores que interactúan entre sí dentro de esa nueva realidad y generar una respuesta (acertada ni no acertada, no puede).


Nosotros, podemos a través del desarrollo de nuestro “sexto sentido”, desarrollar una habilidad, que pueda materializarse en respuestas instintivas, ante situaciones diversas en las que se interrelacionan diferentes aspectos. La respuesta será certera o errónea en ocasiones, pero cada ver serán menos las segundas.


Este “sentido común” que hoy en día es el menos común de los sentidos, es esencial para aspectos relacionados con el liderazgo, la toma de decisiones, la resolución de conflictos, de problemas etc. Y es el menor de los sentidos, por que no ha sido trabajado.


Muchas personas de guían más por el “olfato”, el “gusto”, la “vista”, el “tacto” y el “oído” para lanzar sus opiniones.


Por todo lo que llevamos visto hasta el momento, podemos ver que tanto el conocimiento del yo interior, el trabajo sobre la información obtenida y el adiestramiento en el uso del “sexto sentido”, son cambios que todos nosotros podemos realizar para mejorar en nuestra vida personal y profesional. Solamente es necesario trabajar en ello, con actitud creativa y con continuidad.
 
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